Así fue mi parto sin epidural

Share Button

Hace casi dos meses nació la pequeña Lea en un parto sin epidural. Aún me cuesta creer que esta personita haya salido de aquí dentro. Ya queda poco del recién nacido que fue en su día, ¡hay que ver como crecen de rápido!

Parto sin epidural

Pero quiero compartir mi parto para que todas las mujeres tengan una experiencia más a la que poder acudir en esos días de espera donde la incógnita, la emoción y el miedo invade todos tus pensamientos.

Aquí tenéis mi parto sin epidural:

En mi semana 40+3  fui c0n muchísimo miedo a la última de las consultas de la gine el lunes por la mañana y me dijo que el cérvix seguía totalmente cerrado. Me intentó realizar el segundo Hamilton (aunque no pudo llegar a las membranas porque como he dicho estaba todo muy cerrado). Me dio los papeles para el ingreso y la inducción del parto para el jueves (41+6, negocié un día más). ¡Estaba aterrada! Con lo que yo había deseado tener un parto natural, al final me lo iban a inducir.

Después de tirarme llorando toooodo el día, al final, tras una buena sesión de psicoanálisis con mi terapeuta, acabe encajando la realidad. Le di la vuelta a la historia: en vez de pensar que mi hija nacería con un parto inducido,decidí mirarlo como: el jueves mi hija YA estará con nosotros (sin pensar en el cómo). Así, acabé aceptándolo. 

El comienzo de mi parto sin epidural

Y resulta que cuando eran las ocho y media comencé a sentir un ligerísimo dolor en la parte baja de la tripa. No le dí la más mínima importancia y me fui a dar un paseo. Se me olvidaron los dolores. Llegué a casa una hora y media más tarde.

Preparamos la cena (21.30), nos sentamos a cenar. “Uy, que vuelvo a notar algo”, empecé a controlar las contracciones con la app del móvil para, de alguna manera, reafirmarme de que era verdad: ¡Lea se había decidido por empezar su camino al exterior! Ya segura de lo que era, se lo dije a mi pareja y no podía creérselo: “¿En serio? ¿Ya?” ¡Qué emoción tan grande! ¡Al final podré darle a Lea el parto sin epidural que quería para poder ayudarla al máximo a salir!

Empezamos a ver una película, a mitad no pude seguir y empecé con los baños, los movimientos, etc. Esperé a que las contracciones se afianzaran hasta las 12.20 para escribir a mi matrona, Silvia, parte del equipo OnetoOne de Ana Suárez, que me dijo que todavía era pronto y que podían parar, que intentase descansar.

Eso hice, me intenté tumbar a dormir, pero el dolor de las contracciones era cada vez más agudo y el tiempo entre ellas no daba mucha tregua. “Imposible dormir”. Así que continué con los baños para arriba, baños para abajo, respiraciones, pelota, etc.

A las 4 no podía más y llamamos a “mi querida Silvia” de nuevo. Me preguntó que si aguantaba una hora más, le dije que vale. Colgamos. Y me vino una contracción fortísima y, después, seguida, otra. “Vuelve a llamarla: que no, que no aguanto, nos vamos ya al hospital”.

Entre una cosa y otra, llegamos al hospital a las 4,30.

Una exploración: estoy de cinco. “Qué alegría: de cinco”. Tenía miedo de estar de 2 todavía. 

Y a partir de ahí todo se desencadenó de una manera muy rápida. Tengo una especie de nebulosa durante las 5 horas siguientes. Baños en agua, dolor que gradualmente se vuelve insoportable, movimientos de cadera, respiraciones y una de las cosas más bonitas que he vivido en mi vida: el aliento de mi pareja a mi lado, sin moverse de mi lado, ofreciéndome todo su apoyo, su mano, apretándome, dándome masajes, ayudándome en las posturas… Creo que el dolor que tuve se compensó con la gran ayuda que me prestó.

En algún momento, mientras utilizaba la pelota se me rompió la bolsa, aunque no de manera completa, sólo por arriba, quedando un trocito de bolsa en la parte baja. Me la consiguieron romper del todo y salió un poco verdosa. Eran las siete y ya estaba dilatada de 10. Y yo no podía más. Pedí ayuda. Ya no importaba el parto sin epidural. Lo que fuera pero que me ayudaran, que de otra manera Lea no saldría. La matrona me dijo que le diera media hora más. “Vale”. Empecé a empujar. Empujaba y empujaba con cada contracción. El dolor era distinto ya. Pero requería de mi mucho esfuerzo y me encontraba agotada tras 7 o 8 horas de contracciones fuertes cada 2 o 3 minutos. ME tumbé en la cama.

Entre sollozos de desesperación, me dijeron que con cada empuje Lea bajaba, pero cuando me relajaba, volvía a subir. Y así siguió una hora más hasta que le vieron la cabecita. “Ya vemos la cabecita: mira, mira papá”. Pero Lea seguía haciendo lo mismo: un centímetro para abajo y de nuevo para arriba. Me hallaba sin fuerzas y me dijeron que utilizarían una ventosa para sacar a Lea. “Vale, lo que necesitéis. De verdad que no puedo más”

Y tras dos horas de expulsivo, a las 9.15 Lea consiguió salir con ayuda y una pequeña episotomía (o eso dicen porque yo aún no he querido mirar, como ya está hecho, ya la miraré cuando ya esté curada). Me la pusieron enseguida en mis brazos y pasamos con ella dos horas. Se enganchó a la perfección. 

Y ese fue el nacimiento de Lea, mi parto sin epidural y el final de la historia sobre el miedo a la inducción. Esta es mi experiencia que demuestra que, ¡todo puede cambiar de la mañana a la noche! 

Desde aquí darle las gracias a todo el equipo One to One de la doctora Suárez, y en especial a Silvia y Fátima, la doctora que me atendió.

 

Share Button
Tagged , , ,

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *